Competencias e itinerarios personales de desarrollo profesional

La educación que hemos heredado ha permitido, cuando no ha favorecido, que los aprendizajes puedan ser mecánicos y notablemente memorísticos. De manera que la enseñanza, por diferentes razones, se ha visto obligada a desarrollar en el alumnado la “competencia” de saber responder, por escrito y en un tiempo limitado, el máximo de conocimientos adquiridos; conocimientos que, en la mayoría de casos, tienen una aplicabilidad inexistente en situaciones más o menos reales.

Es así como el método expositivo de transmisión verbal ha sido el más utilizado por ser suficientemente apropiado para conseguir esta “competencia” y, por tanto, el que todo el profesorado domina. Esto hace que la transición de un modelo conocido profusamente, con unas reglas de juego y una gestión de aula relativamente sencillas, a métodos para la enseñanza de las competencias y, especialmente, para las competencias para la vida no se pueda resolver exclusivamente con buena voluntad.

La única posibilidad para que esta transición sea posible pasa por el fomento de un proceso de avances progresivos a partir de las estrategias pedagógicas que cada uno de los maestros y las maestras dispone (proceso de dificultad variable según el diferencial existente entre aquello que sabemos hacer y aquello deseable).

A pesar de que éste es un proceso singular de cada maestro y maestra, se puede reconocer, de forma generalizada, que será más complejo de realizar en los grados superiores de la enseñanza. Esta situación aconseja la creación de itinerarios personales de  desarrollo profesional que vayan desde modelos expositivos a modelos cada vez más complejos, que permitan a cada uno de los profesores y profesoras establecer un proceso personal de mejora sistemática de su práctica educativa que les facilite avanzar hacia una enseñanza por competencias.

En la situación actual, abordar la enseñanza de las competencias comporta para una gran mayoría del profesorado vencer dos retos, en primer lugar el que representa en sí mismo la enseñanza de las competencias específicas de una disciplina (independientemente de cuál sea ésta) y, por otra, la enseñanza de competencias hasta ahora bastante ajenas a las enseñanzas tradicionales y que podemos reconocer como transversales (competencias para el aprendizaje permanente, competencias para el manejo de la información, competencias para el manejo de situaciones, competencias para la convivencia y competencias para la vida en sociedad) y que en muchos casos son metadisciplinares, es decir, que no tienen una disciplina que les dé soporte científico.

Introducción progresiva de las competencias para la vida

La enseñanza de los contenidos menos académicos, y sobre todo los de carácter metadisciplinar, son los que representan el segundo reto para el profesorado, y el más difícil de generalizar, ya que comporta la introducción de contenidos hasta ahora bastante ajenos a los currículos oficiales. Desarrollar competencias para la vida, para las que no existe demasiada tradición, hace que la utilización de los métodos de enseñanza que éstas exigen sea una tarea notablemente difícil. Por lo tanto, es necesario, en este caso, insistir en el establecimiento de itinerarios personales de avances progresivos. Es así como, una vez conseguido que la enseñanza de los contenidos convencionales de las diferentes disciplinas se haga desde situaciones cercanas a la realidad del alumnado, se deben ir dando los pasos siguientes, consistentes en ir añadiendo actividades de menor a mayor complejidad que promuevan los aprendizajes de las competencias para la vida. Así podemos ir introduciendo progresivamente, y en función del dominio de las nuevas estrategias, diálogos, debates, trabajos cooperativos, búsqueda de información, trabajo de campo, etc.

Si continuamos en este recorrido de ir añadiendo cada vez nuevas actividades de enseñanza y aprendizaje que desarrollen las competencias para la vida, nos encontraremos con unas formas de enseñar que, de una manera u otra, tienen que ver con las metodologías globalizadoras: proyectos, proyectos de trabajo globales, centros de interés, investigación de laboratorio, investigación del medio, análisis de casos, resolución de problemas, etc.

Itinerarios personales de mejora continua y colaboración profesional

Para concluir, podemos decir que los métodos más apropiados para a la enseñanza de las competencias para la vida son suficientemente conocidos y aplicados desde hace bastante tiempo, al menos desde la eclosión de los movimientos pedagógicos de principios del siglo pasado vinculados a la pedagogía activa. Por tanto, el problema, como hemos dicho, no está tanto en la identificación de estas metodologías como en su generalización y ésta no será posible sin el establecimiento de un proceso a corto y medio plazo que responda al principio vigotskiano de la “zona de desarrollo próximo”, en el que se ofrezca al profesorado la oportunidad de mejorar sus prácticas en un recorrido progresivo partiendo de sus habilidades y conocimientos actuales, con la ayuda indispensable de otros  compañeros y compañeras que dispongan de este conocimiento.

Antoni Zabala
Director del Máster La Enseñanza en Competencias
www.idiprofesional.com

Acerca de yosoyigualydiverso

DRA. CARINA AIDA DI FRESCO TALA Psicopedagoga. Licenciada y Profesora en Ciencias Psicopedagógicas. Doctora en Ciencias de la Educación. Especializada en personas con Necesidades Educativas Especiales y Trastornos Neurològicos. Especialista en Atenciòn a la Diversidad Pedagògica y la Inclusiòn Escolar

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