Resulta muy difundido que la música se ofrece como una alternativa de estimulación temprana que favorece el aprendizaje y el desarrollo.

Al escuchar la música de Mozart, “el niño estimula sus habilidades sociales, su funcionamiento cerebral y, por ende, las habilidades académicas”, explica Ángela Rueda de Halliday, quien realizó estudios de musicoterapia, de pedagogía musical y se especializó en el área de estimulación musical del método verbotonal.

Aura Sofía Rico, pediatra especialista en desarrollo infantil, aclara que la base científica en la que se apoya el efecto Mozart “es una teoría que tiene más de 50 años, elaborada por el otorrinolaringólogo francés Alfred Tomatis, quien demostró que desde que el feto tiene cuatro meses es capaz de oír la voz de la madre y que el sonido juega un papel muy importante en la percepción y la conciencia del niño”.

Aun así, es necesario diferenciar bien entre el efecto Mozart y el método Tomatis, pues este último “utiliza la música de Mozart con un aparato especial llamado oído electrónico, que obliga al oído humano a acomodarse permanentemente, como en una especie de aeróbicos, y además estimula a nivel óseo a través de una diadema”, explica Helga López, sicóloga y directora del Centro Tomatis Colombia.

Actualmente existen en el mundo varios centros que aplican el Método Tomatis, que a diferencia del Efecto Mozart es terapéutico, ya que “mejora las habilidades de escucha y habla, la salud emocional y la agilidad mental”, sostiene Rueda.

El hecho de que sea terapéutico significa que se le aplica a niños con dificultades de comportamiento, aprendizaje, atención, oído y motoras, y de acuerdo con las necesidades de cada uno, se escogen cuidadosamente unos sonidos para que el niño los oiga individualmente”

Según Campbell, el principal difusor del Efecto Mozart, el ritmo y la melodía, son los que estimulan el desarrollo del bebé desde antes de nacer. Adicionalmente, afirma que la voz de la mamá y los latidos de su corazón lo tranquilizan y la altura de los sonidos despiertan sus oídos y lo estimulan para desarrollar el lenguaje, los cantos, juegos rítmicos y lo enseñarán a mover su cuerpo con agilidad”, explica la experta en estimulación musical.

Manuel Drezner, crítico musical de El Espectador y presidente de Yoyo Music, asegura que el Efecto Mozart se originó cuando investigadores de la Universidad de Texas encontraron que a los niños a los que se les ponía a escuchar la música de Mozart tenían mayor capacidad de memoria, mejor retención y un incremento en el I.Q. (coeficiente intelectual).

Drezner añade que se impuso una ley en un par de estados de ese país, “que obliga a regalar a cada niño nacido un disco de Mozart, pues aquellos que la escuchan, por no menos de una hora diaria, desarrollan capacidades intelectuales”.

La doctora Rico enumeran las bondades que trae la música de Mozart: ” Logra que el niño forje hábitos de estudio, comprenda lo que lee, memorice con más facilidad y entienda conceptos matemáticos. Ayuda a niños discapacitados o con problemas de aprendizaje a mejorar su vida y a tener más confianza en sí mismos.

Si los niños reciben estimulación musical desde antes de nacer y durante su desarrollo, mejorarán sus procesos de atención, su habilidad para escuchar y su lenguaje. Se ha demostrado que los bebés prematuros que escuchan música clásica aumentan de peso y tienen más posibilidades de sobrevivir.

El efecto Mozart favorece el desarrollo motriz y con esto se logrará mayor seguridad y agilidad en el momento de gatear, caminar, correr y saltar.

La música de Mozart tiene un efecto energético diferente a la de otros compositores. Dice Tomatis que esta música continúa siendo utilizada para mejorar insuficiencias auditivas y vocales. Esto se ha comprobado en países como Estados Unidos, Francia y Alemania. “En prematuros y niños con síndrome de abstinencia, porque sus madres son drogadictas o alcohólicas, se hicieron estudios desde la sala cuna con la música de Mozart y se vio que se calmaban, dejaban de estar irritables y crecían mejor. Entonces, ya se hizo un protocolo con estos niños de alto riesgo, en el que poniéndoles esta música tres veces al día tenían este tipo de mejorías”, afirma la pediatra Rico.

En algunos casos, los resultados no son permanentes. Es decir, ciertos niños requerirían estar oyendo permanentemente la música de Mozart para obtener resultados. Por eso es que estos métodos aconsejan oírla para trabajar, durante la vida escolar o cuando están haciendo tareas en la casa, como música de fondo.

El doctor Alfred Tomatis, un reconocido médico francés, se ha pasado los últimos cincuenta años estudiando las propiedades curativas del sonido y la música, y sus influencias en la creatividad e inteligencia.
Tomatis encontró que, más allá de las preferencias del paciente, o su conocimiento sobre el compositor, invariablemente la música de Mozart calmaba al oyente, mejoraba su percepción espacial, y le permitía expresarse con más claridad. Mozart, descubrió, lograba los mejores y los más perdurables resultados, ya fuera en Tokio, Nueva York, o en la selva amazónica.
En la actualidad los científicos concuerdan en que hay muchos diferentes tipos de música que puede ser terapéutica. Algunas personas reaccionan bien al escuchar jazz o reggae. Otras se sienten mejor cuando escuchan canto gregoriano, o heavy metal. Pero últimamente los investigadores han confirmado –como Tomatis- que la obra de un compositor en particular, Wolfgang Amadeus Mozart, sobresale enigmáticamente entre todas las demás formas musicales por su poder de curar el cuerpo humano. A esta especial capacidad curativa la han denominado “Efecto Mozart”.

¿QUÈ EFECTO TIENE MOZART EN NUESTRO CEREBRO?
El poder de la música de Mozart, llegó a la atención, especialmente a través de un cambio innovador en la investigación científica en la Universidad de California. En el centro para la Neurobiología del Aprendizaje  y la Memoria de esa universidad, un equipo de científicos empezó a investigar el efecto Mozart en los estudiantes universitarios y en los niños. La doctora Frances H. Bauscher y sus colegas llevaron a cabo un estudio en el que treinta y seis estudiantes de la Facultad de Psicología, después de escuchar durante diez minutos la Sonata para dos pianos en Re Menor (K. 448) de Mozart, obtuvieron de ocho a nueve puntos más en el test espacial de inteligencia (parte de la escala de Stanford-Binet).
Es posible que la música de Mozart haga “entrar en calor” al cerebro, señala Gordon Shaw, físico teórico integrante del equipo científico mencionado. Shaw sospecha que la complejidad de la música facilita ciertos intrincados patrones neuronales que intervienen en actividades mentales complejas como las matemáticas o el ajedrez. En cambio, la música simple y repetitiva puede tener el efecto contrario.
En un estudio posterior, los científicos exploraron las bases neurofisiológicas de este efecto. Se prosiguió con los tests de inteligencia espacial, proyectando en una pantalla –durante un minuto cada una- dieciséis figuras abstractas semejantes a trozos de papel plegados. Estos ejercicios, que abarcaron a 69 estudiantes, deseaban establecer si ellos podían predecir cómo se verían las figuras cuando los pliegues se abrieran. Durante un período de cinco días, un grupo escuchó sonatas originales de Mozart, a otro simplemente no se le hizo escuchar nada –escucharon el silencio- y un tercer grupo escuchó una mezcla de sonidos, incluyendo música de Philip Glass, un cuento grabado, y música bailable.
Los investigadores informaron que los tres grupos mejoraron sus resultados entre el primero y el segundo día, pero el patrón de reconocimiento del grupo de Mozart se elevó al 62%, comparado con el 14% para el grupo del silencio, y el 11% para el de los sonidos mezclados. En los días siguientes el grupo de Mozart siguió con los mejores resultados. Al proponer una explicación para este efecto, los científicos sugirieron que escuchar a Mozart ayuda a “organizar” los patrones de “encendido” de las neuronas en la corteza cerebral, fortaleciendo especialmente los procesos creativos que se asocian con el razonamiento espaciotemporal. Llegaron a la conclusión de que escuchar música actúa como un “ejercicio” para facilitar operaciones asociadas con las funciones superiores del cerebro. En otras palabras: escuchar música puede mejorar nuestra concentración y nuestra capacidad de dar un salto intuitivo (incluido un “cambio 2”, de “doble ciclo” o radical).
Después de estos estudios, una cantidad de escuelas públicas introdujeron pieza musicales de Mozart como música de fondo, e informaron que lograron mejorías en la atención y en el desempeño de los alumnos.

Para comprender por qué la música, en general, puede curar, y por qué la música de Mozart es especialmente terapéutica para mucha gente, debemos comprender el sonido y su efecto en la materia física. Hans Jenny, un médico e ingeniero suizo, describe cómo el sonido y la vibración interactúan con la materia. Jenny demuestra que con el sonido se pueden formar intrincadas figuras geométricas. Por ejemplo, ha creado vibraciones en cristales con impulsos eléctricos y ha transmitido la vibración a un medio como un plato o una cuerda. También ha producido oscilaciones en líquidos y gases.
Las formas que se pueden crear mediante el sonido son infinitas, y pueden ser variadas simplemente cambiando su altura, la armonía del tono, y el material con que vibra. Cuando se agregan cuerdas, el resultado puede ser algo bello, o un caos. Un sonido OM bajo, por ejemplo, produce algunos círculos concéntricos con un punto en el centro; un sonido iii alto produce muchos círculos con bordes fluctuantes. Estas formas cambian instantáneamente cuando se toca una nota o un tono diferente.
Imaginemos, entonces, qué efectos pueden tener los sonidos en las células, los tejidos y órganos, que son delicados y formados por líquido en gran parte. Los sonidos que vibran forman patrones, y crean campos energéticos de resonancia y movimiento en el espacio que nos rodea. Nosotros nos vemos afectados por estos campos energéticos y éstos, sutilmente, alteran nuestro pulso, nuestra presión sanguínea, tensión muscular, temperatura de la piel, aliento, y otros ritmos internos.
Ha sido, en parte, mediante un trabajo de Linda Rodees, una psicóloga clínica, que los científicos, y los físicos en particular, han tomado conciencia de que las vibraciones que se transmiten mediante la música pueden afectar positivamente a un paciente, o afectarlo de modo negativo si no es la música adecuada para él.

EL VALOR DE LA MÙSICA. MUSICOTERAPIA. 

El efecto terapéutico de la música se halla completamente expuesto en la obra más importante sobre el tema, el Tratado de Musicoterapia de Juliette Alvin. Se usa en los pacientes depresivos, con sus tonalidades energetizantes. En paciente maníacos o exitados, con sus modalidades más suaves. La música suave ayuda a mejorar insomnios no muy severos, particularmente si el paciente se habitúa a escuchar siempre el mismo tipo de música para la inducción del sueño.
El mencionado Lozanov, estudió muy profundamente el uso de la música para el aprendizaje de idiomas y para facilitación del estudio en general. Lozanos aconseja el uso de la música de sesenta negras por minuto, lo que equivale en la música clásica a los andantes o adagios. Los instrumentos más recomendaos son el cello, el violín o la flauta.
En el hospital Saint Agnes, en Baltimore, Estados Unidos, los pacientes en terapia intensiva escuchan música clásica. “media hora de música clásica produce el mismo efecto que diez miligramos de valium”, informa el doctor Raymond Bahr, director de la unidad coronaria.

Fragmento extraído del Blog del Dr. Fernando Linares (http://fernandolinares.blogspot.com.ar/2009/07/el-denominado-efecto-mozart.html )

Compilación realizada por la Dra. Carina Aida Di Fresco Tala. By Yo Soy Igual y Diverso.

Fuentes:

ABC DEL BEBÈ.COM. http://fernandolinares.blogspot.com.ar/2009/07/el-denominado-efecto-mozart.HTML

En síntesis: 

La MÙSICA es un excelente MEDIO para estimular nuestra capacidad innata de inteligencias múltiples

como la inteligencia linguìstica, musical, corporal-kinestésica junto a la inteligencia emocional

(intrapersonal e interpersonal).

Mira el video que hemos hecho ESPECIALMENTE PARA VOS con música de Mozart para que escuchen grandes y chicos.

 

PORTADAMOZART

http://www.youtube.com/watch?v=hez67x2o9Wg

Si lo deseas en pdf ¡PEDI TU OBSEQUIO aquì !


 

Acerca de yosoyigualydiverso

DRA. CARINA AIDA DI FRESCO TALA Psicopedagoga. Licenciada y Profesora en Ciencias Psicopedagógicas. Doctora en Ciencias de la Educación. Especializada en personas con Necesidades Educativas Especiales y Trastornos Neurològicos. Especialista en Atenciòn a la Diversidad Pedagògica y la Inclusiòn Escolar

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